"En cada lugar hay una historia que no se debe olvidar". - E.F.

A lo largo del tiempo han sido numerosos los profesionales honestos y modestos que, con su gran vocación solidaria, han sabido enaltecer la medicina y construir un vínculo inseparable con toda una comunidad. A veces infravalorados e incomprendidos, estos hombres y mujeres perseveraron en su profesión sin rendirse y llevaron bienestar y alegría a muchas familias.

Roberto, el Médico del Pueblo

El 3 de enero de 1898 nació Carlos Roberto Foster, director de teatro, educador y el primer médico que tuvo Las Carabelas, de 1929 a 1949. Esta localidad del partido de Rojas en la provincia de Buenos Aires, Argentina, que fue fundada en 1910 por los hermanos Sierra y comenzó a desarrollarse con la inauguración de la estación del ferrocarril, recibió al Dr. Foster con incomparable alegría.

Carlos Roberto Foster nació en el seno de una familia de clase media en Buenos Aires, siendo el quinto de los seis hermanos que componían la familia, de padre llamado Enrique Arturo Foster, comerciante y político argentino, y madre María de los Dolores Castaño, originaria de Galicia, España. Su abuelo paterno, Enrique Foster (1842-1916) había sido agrimensor, fundador de Monte Oscuridad y cofundador de la ciudad de Resistencia en la Provincia del Chaco. En 1875, fue designado por el presidente Nicolás Avellaneda (1837-1885) mediante decreto reglamentario de la Ley N° 686 para integrar la Comisión Exploradora Foster-Seelstrang y explorar el desconocido noreste argentino junto a Arthur Von Seelstrang (1838-1896) y Manuel Obligado (1838-1896). Por otra parte, su bisabuelo materno, José Manuel Llames y Roldán (1802-1867), originario de Santiago de Gobiendes, España, era nieto de nobles españoles y en el ejercicio de su profesión fue escribano de numerosos patriotas entre ellos Manuel Belgrano (1770-1820), Manuel Vicente Maza (1779-1839), Manuel Obligado (1838-1896), Tomás García de Zúñiga (1780-1843), Manuel Dorrego (1787-1828), Juan Manuel de Rosas (1793-1877) y Mariano Saavedra (1810-1883), hijo de Cornelio Saavedra (1759-1829).

"Ejerció la medicina, desde 1929, por espacio de veinte años, en esta población el Dr. Carlos Foster. Estuvo a su vez, al frente de empresas populares de bien público como la Escuela, el Templo, Cementerio, Clubes, etc".
Revista "Las Carabelas" en su edición Año 1, N° 1 de agosto de 1960, publicada con motivo del "Cincuentenario" del pueblo Carabelas. Página 31.

Carlos Roberto Foster estudió en Buenos Aires y tras finalizar sus estudios de medicina desarrolló su profesión médica durante algunos años en la ciudad donde conoció al ex presidente argentino, Arturo Umberto Illia (1900-1983), con quien mantuvo una larga amistad. Se cuenta que el Dr. Illia alguna vez quiso nombrarlo ministro de salud, pero Foster no aceptó el cargo.

En 1928, el Dr. Foster llegó a Las Carabelas para instalar su consultorio como médico municipal en un pueblo que recién se estaba formando, y allí formó una comisión los meses siguientes junto con el Dr. Alberto Salaber, recogiendo firmas de los habitantes, y presentando la solicitud de servicio de alumbrado público a las autoridades municipales. Al año siguiente se instaló definitivamente allí y ejerció su profesión con gran vocación, año en el que el pueblo pudo contar con un profesional de la salud que permanecería allí hasta 1949, velando por la salud de los habitantes. 

En marzo de 1929, el Dr. Foster tuvo una hija llamada Raquel Ana Foster con María René Ayerza Bertorelli, quien luego fue tesorera de una comisión que se crearía tiempo después. Al año siguiente, en 1930, el delegado municipal, Mariano Iribarne y Enrique Huerta, concejal, reiteraron el pedido del doctor Foster y Salaber a las autoridades municipales y la municipalidad de Rojas convocó a licitación pública para dotar al pueblo del beneficio de alumbrado público eléctrico. Se aceptó la propuesta del señor Francisco Gallo y de inmediato se iniciaron las obras y tendido de cables con un contrato a 20 años. Usina eléctrica con dos motores de 120 HP y 70 lámparas de 100v. Precio: el consumo costaba $0,40 el kilovatio y el alumbrado público $0,05 por metro de terreno edificado y $0,07 sin edificar. 

"En 1929, los doctores Alberto Salaber y Carlos Foster, encabezan una lista de firmantes, solicitando a la intendencia municipal de Rojas, su intervención para conseguir alumbrado público eléctrico. Se inaugura el alumbrado a comienzos de 1931.
Es de referir que al ir de casa en casa, quienes apoyaban este beneficio, en demanda de firmas, hallaron bastantes vecinos que no veían con buenos ojos, la mejor luz que las velas, por ser a su parecer, costosa luz eléctrica y por situarlos en compromisos con el poder público. Desde entonces, difilmente se constató la menor deficiencia en la prestación de este servicio, que por otra parte llevaba el contrato por veinte años, entre concesionario y municipalidad".
Revista "Las Carabelas" en su edición Año 1, N° 1 de agosto de 1960, publicada con motivo del "Cincuentenario" del pueblo Carabelas. Página 21. 

El Club Social y Deportivo Carabelas, fundado el 6 de mayo de 1923, obtuvo su personería jurídica el 20 de julio de 1932 y tuvo como vicepresidente al Dr. Carlos R. Foster. En el marco de la invasión cultural, la Iglesia Católica tuvo mucha participación en Las Carabelas y encontró apoyo oficial y apoyo de vecinos extranjeros, descendientes de europeos. Por ello, en 1932-1933 se impulsó la primera Comisión Parroquial Protemplo para la formación de la comunidad cristiana de Las Carabelas, con el español Francisco Burgués Montardit como secretario y el Dr. Carlos R. Foster como presidente. 

Presidida por la condesa María Unzué de Alvear (1862-1950), una de las herederas más ricas de la Argentina, que vivía allí en la Estancia San Jacinto, el 7 de septiembre de 1933 también se formó una Comisión de Damas, cuyo propósito era colaborar con la Comisión Parroquial Protemplo establecida por el presidente Dr. Carlos Roberto Foster y la presidenta honoraria, María Unzué de Alvear junto a la tesorera, María René Bertorelli de Foster. Hasta 1938, Foster fue miembro de esa comisión.

En la primera resolución se decide colocar a la comunidad cristiana del pueblo bajo la protección de la Santísima Virgen María con la advocación de Nuestra Señora de los Ángeles, quien pasa a ser protectora del pueblo de Las Carabelas. 

Según el plano facilitado por la condesa y el añadido de pliegos y modificaciones del arquitecto Cayetano de Plácido, el templo fue construido bajo la responsabilidad del arquitecto Ángel Plácido. En febrero de 1934, la Condesa María Unzué de Alvear (1862-1950) y su sobrino César González Guerrico (1880-1950) ayudaron en la ubicación definitiva del templo y el 11 de abril de 1938 se colocó la primera piedra en presencia de las autoridades municipales y del Dr. Carlos R. Foster (1898-1972).

Por otra parte, el Dr. Foster trabajó en la Escuela Primaria Bernardino Rivadavia No. 2 y en 1934 fue elegido Presidente de la Comisión Ejecutiva Cooperativa. En 1938, fue reelegido para el mismo cargo.
Durante muchos años fue pionero y director del Teatro Vocacional Las Carabelas, dirigiendo un nutrido grupo que ofrecía veladas memorables a todo el pueblo, iniciando su labor hacia 1930 y manteniéndose como director en los años siguientes.

Foster fue responsable de decenas de puestas en escena y trabajó con muchos elencos en sus inicios. Su debut como director de teatro fue hacia 1930 y dirigió obras como: Los Cardenales (1932), El Conventillo de la Paloma (1933), El Rosal de las Ruinas (1933), El Suplicio del Tartaro y Guerra Conyugal (6 de julio de 1933), entre muchas otras.

Debido al éxito de sus obras anteriores, continuó escribiendo hasta el final de su vida y una de sus obras más destacadas fue Ciego de Amor, escrita y estrenada el 10 de agosto de 1933 con actores amateurs de Las Carabelas.

A lo largo de la siguiente década, todo el pueblo de Las Carabelas se reunió para presenciar las actuaciones que iban desde el género dramático hasta la más divina comedia.

Finalmente Carlos Roberto Foster falleció el 18 de julio de 1972, a la edad de 74 años, tras dedicar toda su vida a ayudar a los más vulnerables. Su labor como médico y su preocupación por los más necesitados construyeron un gran vínculo con la comunidad que se recuerda a lo largo de los años.


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