A veces pasamos tanto tiempo esperando una vida mejor, que olvidamos vivir la que ya tenemos.

La belleza de los días comunes

Un ensayo de Ezequiel Foster

Hay una extraña costumbre que compartimos casi todos: creer que la vida empezará cuando desaparezcan los problemas.

Esperamos el trabajo ideal.
El viaje soñado.
La respuesta que tanto anhelamos.
El momento perfecto.

Y mientras esperamos...

la vida sigue pasando.

Nos preocupamos por cosas que dentro de unos años probablemente ni siquiera recordaremos.

Discutimos por asuntos que nunca merecieron robarnos la paz.

Cargamos pesos que jamás nos correspondieron.

Sin darnos cuenta, aprendimos a sobrevivir... pero olvidamos vivir.

La belleza siempre estuvo en aprender a descubrir lo extraordinario escondido dentro de los días comunes.

Quizás por eso hemos dejado de sonreír.

No porque todo esté bien.

Sino porque olvidamos que la alegría nunca dependió de que todo estuviera resuelto.

Existe una belleza silenciosa que solo descubren quienes aprenden a detenerse.

Está en una conversación sin apuro.

En un café compartido.

En una flor entregada con cariño.

En una carcajada inesperada.

En un abrazo sincero.

En un instante frente al espejo en el que, por un momento, dejamos de pensar en todo lo que falta y simplemente agradecemos lo que ya existe.

Con el paso del tiempo comprendí algo.

Las personas casi nunca recuerdan cuántas preocupaciones tuvieron.

Recuerdan las tardes que les devolvieron la risa.

Los abrazos que llegaron sin aviso.

Las personas que les hicieron bien.

Y aquellos pequeños momentos que parecían comunes... hasta que dejaron de repetirse.

Tal vez la verdadera riqueza nunca fue tener más.

Tal vez siempre fue aprender a mirar mejor.

Porque el tiempo sigue avanzando, con o sin nosotros.

Y llegará un día en que estos momentos, que hoy parecen tan simples, serán exactamente aquello que más vamos a extrañar.

Por eso vale la pena caminar un poco más livianos.

Reír más.

Abrazar más.

Perdonar antes.

Mirar el cielo con más frecuencia.

Dejar el teléfono por un rato.

Decir "gracias" más veces de las necesarias.

Y recordar que la vida no sucede solamente en los grandes acontecimientos.

Sucede, sobre todo, en esos días que parecen no tener nada extraordinario.

Porque, al final...

la belleza nunca estuvo en una vida perfecta.

La belleza siempre estuvo en aprender a descubrir lo extraordinario escondido dentro de los días comunes.
Porque las mejores historias rara vez nacen de días extraordinarios. Nacen de personas que aprendieron a descubrir la belleza de los días comunes.

Ezequiel Foster
Founder & Director
FOSTER History & Collective Memory


ENSAYOS FOSTER

Una colección de ensayos sobre la memoria, la belleza, el tiempo y aquellas verdades que suelen pasar desapercibidas.

Volumen I