¿Pompeya fue otra Sodoma y Gomorra?

25.10.2026

¿POMPEYA FUE OTRA SODOMA Y GOMORRA?

La inscripción, el misterio y la pregunta que enfrenta la historia con la interpretación bíblica

FOSTER HISTORY & COLLECTIVE MEMORY | INVESTIGACIÓN HISTÓRICA

Una ciudad destruida por el Vesubio. Dos ciudades condenadas en el relato bíblico. Una inscripción que parece unirlas y un debate académico que obliga a revisar lo que creíamos saber.

CUANDO DOS CATÁSTROFES PARECEN HABLAR ENTRE SÍ

En la Antigüedad, las ciudades podían desaparecer por guerras, terremotos, inundaciones o erupciones volcánicas. Pero la destrucción de una ciudad no terminaba necesariamente con su desaparición física: también podía comenzar una segunda historia, construida a partir de la memoria, las creencias y las interpretaciones de quienes contemplaban sus ruinas.

Pompeya quedó sepultada por el Vesubio en el año 79 d. C. Sus calles, viviendas y habitantes quedaron atrapados bajo materiales volcánicos. La arqueología permite reconstruir buena parte de aquella catástrofe y estudiar la sociedad que existía antes de ella.

Sodoma y Gomorra pertenecen a una tradición diferente. En el libro del Génesis, ambas ciudades son destruidas en un relato que vincula su destino con el juicio divino. Su localización histórica continúa siendo objeto de debate y no existe un consenso arqueológico que permita identificar de manera definitiva una ciudad excavada como la Sodoma bíblica.

A primera vista, la comparación parece sencilla: dos ciudades, dos destrucciones y una tradición que interpreta la catástrofe como algo más que un acontecimiento material.

Pero existe un detalle que convierte esta comparación en una cuestión histórica concreta.

En la documentación epigráfica de Pompeya aparece registrada una inscripción que parece contener los nombres de Sodoma y Gomorra. Durante décadas, algunos investigadores la interpretaron como una posible referencia bíblica realizada por una persona que habría relacionado la destrucción de la ciudad romana con el castigo descrito en las Escrituras.

La hipótesis es fascinante.

También es controvertida.

Investigaciones posteriores han cuestionado que esa inscripción sea realmente un grafito antiguo realizado antes de la erupción. Una interpretación académica sostiene que pudo haber sido escrita por uno de los primeros exploradores de Pompeya durante las excavaciones del siglo XVIII. [1][2]

Si esa interpretación es correcta, la inscripción no demostraría que un habitante de Pompeya comparó su ciudad con Sodoma y Gomorra antes o durante la catástrofe.

Pero el debate sigue siendo importante porque revela cómo una evidencia aparentemente sencilla puede adquirir significados muy distintos según su fecha, su contexto y la historia de su descubrimiento.

La pregunta no es si Pompeya fue castigada por ser como Sodoma. La pregunta es quién estableció esa conexión, cuándo lo hizo y qué pruebas permiten sostenerla.

SODOMA Y GOMORRA: LA DESTRUCCIÓN EN EL RELATO BÍBLICO

Para comprender la posible conexión, primero debemos regresar al texto que dio origen a la comparación.

En el libro del Génesis, Sodoma y Gomorra aparecen dentro de una narración sobre la corrupción, la violencia y el juicio divino. En Génesis 19, la destrucción de las ciudades se describe mediante fuego y azufre.

El pasaje de Génesis 19:24, en la traducción tradicional de Reina-Valera, dice:

«Entonces Jehová hizo llover sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos».

Este es un texto religioso que expresa la interpretación bíblica de la destrucción. No constituye, por sí mismo, un informe geológico ni una identificación arqueológica de las ciudades.

La tradición bíblica también amplía la interpretación moral de Sodoma. En Ezequiel 16:49–50, el profeta menciona el orgullo, la abundancia, la despreocupación y la falta de ayuda al pobre y al necesitado, junto con otras transgresiones.

Estos pasajes muestran que la memoria de Sodoma no se limita a una descripción de una catástrofe. Forma parte de una reflexión religiosa sobre la conducta humana, la injusticia y el juicio.

Pero debemos distinguir tres niveles:

  • El relato bíblico: lo que el texto afirma sobre Sodoma y Gomorra.

  • La investigación histórica: lo que puede establecerse mediante fuentes, contextos y evidencias arqueológicas.

  • La interpretación teológica: cómo las comunidades religiosas comprenden el significado del relato.

La comparación con Pompeya solo puede investigarse rigurosamente si mantenemos separados esos niveles.

No podemos demostrar que dos ciudades compartieran la misma causa de destrucción simplemente porque ambas aparecen en relatos de catástrofes.

POMPEYA: UNA DESTRUCCIÓN QUE PODEMOS ESTUDIAR MATERIALMENTE

La erupción del Vesubio en el año 79 d. C. está documentada por fuentes literarias antiguas y por una cantidad extraordinaria de evidencias físicas.

Las cartas de Plinio el Joven a Tácito describen la enorme nube eruptiva, los temblores, la oscuridad y el miedo experimentado por quienes se encontraban en la región. La geología y la arqueología permiten contrastar ese testimonio con los depósitos volcánicos, los edificios destruidos y los restos humanos.

La secuencia de la erupción incluyó una prolongada caída de piedra pómez y otros materiales, seguida por corrientes piroclásticas que afectaron a distintas poblaciones de Campania.

La explicación física de la destrucción está sustentada por evidencias identificables. No es necesario atribuir una intención moral al volcán para explicar el desastre.

Esto no significa que los habitantes de la época no pudieran interpretar la catástrofe religiosamente. Las sociedades antiguas comprendían el mundo mediante marcos culturales y religiosos diferentes de los actuales.

Sin embargo, no conservamos pruebas que permitan afirmar que la población de Pompeya, en su conjunto, considerara la erupción un castigo por su comportamiento.

Tampoco podemos deducir que todos sus habitantes compartieran las mismas creencias.

Pompeya era una sociedad compleja, integrada en el mundo romano y caracterizada por diferencias sociales, prácticas religiosas diversas y una intensa vida comercial.

Su destrucción no demuestra que toda esa población compartiera una única conducta moral ni una interpretación religiosa uniforme.

La arqueología puede reconstruir las causas físicas de la catástrofe. Para conocer cómo la interpretaron los habitantes, necesitamos fuentes que documenten sus creencias.

Y aquí aparece la inscripción que dio origen a uno de los debates más intrigantes de esta investigación.

LA INSCRIPCIÓN: DOS NOMBRES EN UNA CIUDAD SEPULTADA

En el corpus de inscripciones de Pompeya se registra un grafito asociado con los nombres de Sodoma y Gomorra. Su referencia epigráfica es CIL IV, 4976.

La inscripción se ha transcrito como una referencia a ambas ciudades bíblicas. Sin embargo, no contamos con un contexto arqueológico moderno que permita establecer con seguridad quién la escribió, cuándo fue realizada y con qué intención.

En 2012, el investigador Nuno Simões Rodrigues publicó el estudio Sodom and Gomorrah in Pompeii, en la revista académica ARYS. El artículo examinó la inscripción y consideró una hipótesis concreta: si el grafito hubiera sido escrito antes o durante la erupción, su autor podría haber relacionado el terremoto del año 62 o la catástrofe del 79 con la ira divina que, según la tradición bíblica, había destruido Sodoma y Gomorra. [1]

La propuesta no debe presentarse como un descubrimiento demostrado.

El propio argumento depende de una condición decisiva: que la inscripción sea auténtica como grafito antiguo y que su fecha corresponda al periodo pertinente.

Si esas condiciones no se cumplen, la interpretación histórica cambia radicalmente.

No basta con que una inscripción mencione dos nombres bíblicos. Es necesario establecer cuándo apareció, dónde se encontraba originalmente y si su contexto respalda la interpretación propuesta.

En arqueología, la procedencia de una evidencia es tan importante como su contenido.

Una inscripción antigua puede aportar información sobre las creencias de una persona. Una inscripción moderna puede revelar, en cambio, cómo los visitantes de otra época interpretaron las ruinas.

Ambas son históricamente interesantes, pero no documentan el mismo momento.

EL PROBLEMA QUE CAMBIA LA INVESTIGACIÓN: ¿Y SI EL GRAFITI NO FUERA ANTIGUO?

La interpretación de la inscripción como un testimonio de la época romana ha sido cuestionada por investigadores que han estudiado la documentación epigráfica de Pompeya.

Un trabajo académico sobre las evidencias epigráficas judías en la ciudad recoge la objeción de que la inscripción con los nombres de Sodoma y Gomorra pudo haber sido realizada por uno de los primeros exploradores durante el siglo XVIII, cuando las excavaciones de Pompeya comenzaron a revelar pinturas y objetos que provocaron reacciones morales entre algunos visitantes. [2]

Esta posibilidad altera por completo el significado del hallazgo.

Si el grafito fue realizado durante las primeras exploraciones modernas, no sería un testimonio de cómo un habitante romano interpretó la erupción del año 79. Sería una evidencia de cómo alguien de una época posterior reaccionó ante las ruinas y las imágenes que encontró.

No demostraría que una persona presente en Pompeya comparara la ciudad con las ciudades bíblicas durante la catástrofe.

Tampoco demostraría la presencia de una comunidad judía en Pompeya.

Para llegar a una conclusión de ese tipo, harían falta otras evidencias independientes.

La objeción no es un detalle menor. Es la cuestión central de toda la investigación.

La inscripción puede parecer convincente porque los nombres son reconocibles y porque la comparación entre destrucciones resulta sugerente. Pero su interpretación depende de una pregunta previa: ¿pertenece realmente al mundo antiguo?

Sin una datación y una procedencia suficientemente seguras, no puede utilizarse como prueba concluyente de una creencia romana del siglo I.

La historia exige resistir la tentación de convertir una coincidencia llamativa en una conclusión definitiva.

¿HABÍA JUDÍOS EN POMPEYA?

La posibilidad de que una persona judía hubiera establecido una conexión entre Pompeya y Sodoma y Gomorra plantea otra pregunta: ¿existían judíos en la ciudad?

La presencia de personas judías en el mundo romano está ampliamente documentada, y las comunidades judías formaban parte de distintas ciudades del Mediterráneo. Sin embargo, demostrar una presencia individual en una localidad no equivale a demostrar la existencia de una comunidad organizada.

En el caso de Pompeya, las pruebas utilizadas para sostener una presencia judía incluyen inscripciones cuya interpretación es discutida. El estudio A Jewish Gladiator at Pompeii: Reassessing the Evidence, publicado en 2024, señala que varios elementos epigráficos que se habían considerado indicios importantes de una presencia judía en Pompeya presentan problemas de interpretación. Entre ellos se encuentra el grafito de Sodoma y Gomorra. [2]

El estudio sostiene que la inscripción no puede tratarse como una evidencia indiscutible de una comunidad judía en la ciudad.

Esto no demuestra que nunca hubiera personas judías en Pompeya. Significa que la cuestión debe investigarse con pruebas más sólidas y que los hallazgos controvertidos no pueden soportar por sí solos una conclusión amplia.

Para demostrar una presencia comunitaria serían relevantes varias clases de evidencia: inscripciones inequívocas, objetos rituales identificables en contexto, documentos o conjuntos de hallazgos cuya interpretación no dependa de una única lectura discutida.

La investigación histórica no debe convertir la ausencia de pruebas concluyentes en una demostración de ausencia absoluta. Pero tampoco debe afirmar una presencia comunitaria como un hecho probado cuando los principales indicios siguen siendo discutidos.

La diferencia entre ambas posiciones es esencial para una investigación seria.

EL TERREMOTO DEL AÑO 62: ¿UNA ADVERTENCIA INTERPRETADA COMO JUICIO?

Antes de la erupción del Vesubio, Pompeya sufrió un terremoto importante en el año 62 d. C. Los daños fueron considerables y algunas obras de reparación continuaron durante los años posteriores.

Este episodio es relevante porque el estudio de Rodrigues contempla la posibilidad de que una eventual referencia antigua a Sodoma y Gomorra estuviera relacionada no solo con la erupción del 79, sino también con el terremoto anterior. [1]

Si una persona hubiera comparado el terremoto con el relato bíblico, la inscripción podría reflejar una interpretación religiosa de un desastre natural.

Pero esa conclusión depende de demostrar que el grafito era antiguo y de establecer su contexto.

No contamos con una base suficiente para afirmar que los habitantes de Pompeya interpretaran colectivamente el terremoto como una señal de condena divina. Tampoco podemos sostener que la erupción posterior fuera vista de esa manera por toda la población.

La existencia de un terremoto documentado y una erupción posterior no demuestra que ambos acontecimientos fueran interpretados mediante una misma tradición religiosa.

La relación entre los dos sucesos puede investigarse históricamente, pero no debe confundirse con una explicación causal.

Desde el punto de vista científico, el terremoto y la erupción forman parte de la historia geológica de la región. Una posible interpretación religiosa sería un fenómeno cultural que requiere evidencia propia.

¿POMPEYA FUE CASTIGADA POR SU MORALIDAD?

La fama de Pompeya está vinculada, en parte, con sus pinturas eróticas, sus grafitis sexuales y los objetos relacionados con la sexualidad encontrados durante las excavaciones.

Esos hallazgos han alimentado la imagen popular de una ciudad dominada por los excesos, la decadencia y la corrupción. Sin embargo, una selección de imágenes o textos no permite describir de manera completa a toda una sociedad.

Las representaciones eróticas de Pompeya deben estudiarse dentro de sus contextos culturales: la decoración doméstica, las convenciones artísticas, la religión, el humor y las prácticas sociales de la época.

Los grafitis tampoco expresan una única moral. Algunos son mensajes personales; otros, anuncios, bromas, consignas electorales o expresiones de rivalidad.

La sociedad romana tenía normas y jerarquías diferentes de las actuales, y su vida sexual no puede evaluarse adecuadamente mediante una colección aislada de imágenes.

Pero existe una cuestión aún más importante.

Incluso si pudiéramos demostrar que determinados habitantes de Pompeya participaban en conductas que algunos observadores consideraban inmorales, eso no demostraría que la erupción fuera un castigo por ellas.

Una catástrofe natural no constituye una prueba científica de culpabilidad moral.

La investigación histórica puede estudiar las creencias religiosas de una comunidad y cómo interpretaba sus desgracias. No puede establecer que una erupción volcánica ocurriera para castigar a sus habitantes por una conducta determinada.

Esta distinción es fundamental para evitar que el artículo se convierta en una condena retrospectiva de una población entera.

Pompeya fue una ciudad real, con una sociedad compleja. Su destrucción geológica está documentada. La afirmación de que fue castigada por su moralidad pertenece al terreno de la interpretación religiosa, no al de los hechos demostrados.

DOS CIUDADES, DOS TRADICIONES, DOS TIPOS DE EVIDENCIA

La comparación entre Pompeya y Sodoma y Gomorra puede ser intelectualmente productiva si se formula con precisión.

En el caso de Pompeya, disponemos de restos arqueológicos, edificios, inscripciones, objetos, testimonios antiguos y depósitos volcánicos que permiten estudiar una catástrofe concreta.

En el caso de Sodoma y Gomorra, contamos con una tradición bíblica cuyo contexto histórico y geográfico continúa siendo objeto de investigación. Las propuestas de identificación arqueológica no han producido un consenso que permita declarar resuelta la cuestión.

La inscripción que parece mencionar ambas ciudades dentro del corpus de Pompeya podría ofrecer una conexión histórica entre las dos tradiciones, pero su autenticidad como grafito antiguo está cuestionada.

Por tanto, no podemos utilizarla como prueba definitiva de que un habitante romano comparó la erupción con el relato bíblico.

Tampoco podemos concluir que las dos ciudades fueran destruidas por el mismo motivo o que compartieran circunstancias históricas equivalentes.

La comparación más sólida se encuentra en otro lugar: en la forma en que las sociedades recuerdan las catástrofes y les atribuyen significado.

Una destrucción puede ser estudiada como fenómeno natural y, al mismo tiempo, convertirse en objeto de interpretaciones religiosas, morales o políticas. Esas interpretaciones forman parte de la historia cultural, incluso cuando no explican la causa física del desastre.

En este sentido, Pompeya y Sodoma y Gomorra permiten investigar una pregunta común: ¿cómo interpretan las sociedades la destrucción de una ciudad?

Esa pregunta no requiere afirmar que ambas historias sean idénticas.

EL VERDADERO MISTERIO: ¿QUÉ NOS DICE UNA INSCRIPCIÓN SOBRE QUIEN LA ESCRIBIÓ?

Una inscripción breve puede contener mucha información, pero también puede generar interpretaciones que exceden lo que realmente demuestra.

Para estudiar un grafito antiguo, los investigadores necesitan examinar su material, la técnica de escritura, la forma de las letras, su ubicación, la documentación de su descubrimiento y la relación con otras evidencias.

En el caso de la inscripción de Sodoma y Gomorra, la cuestión de su fecha es decisiva.

Si fuera antigua, podría aportar información sobre la circulación de relatos bíblicos y sobre la manera en que una persona interpretaba las catástrofes. Si fuera moderna, documentaría una reacción posterior ante las ruinas de Pompeya.

Son dos escenarios históricos diferentes.

No podemos elegir entre ellos solo porque uno resulte más atractivo narrativamente.

La hipótesis de Rodrigues merece estudiarse porque plantea una pregunta relevante sobre la recepción de la tradición bíblica en el mundo antiguo. La crítica posterior merece la misma atención porque cuestiona uno de los supuestos necesarios para sostener esa hipótesis.

Una investigación rigurosa debe presentar ambas posiciones y explicar qué pruebas hacen falta para avanzar.

No se trata de eliminar el misterio. Se trata de comprender exactamente dónde comienza.

LA HISTORIA NO NECESITA UNA RESPUESTA INVENTADA

Pompeya fue destruida por la erupción del Vesubio en el año 79 d. C. La evidencia geológica y arqueológica permite reconstruir la secuencia de la catástrofe y estudiar la vida de la ciudad antes de su destrucción.

Sodoma y Gomorra pertenecen a una tradición bíblica de juicio divino cuya localización histórica definitiva continúa siendo debatida.

Entre ambas aparece una inscripción que parece mencionar sus nombres, pero cuya autenticidad como grafito antiguo ha sido cuestionada por investigaciones posteriores.

La hipótesis de que un habitante de Pompeya comparara su ciudad con Sodoma y Gomorra resulta fascinante. Sin embargo, no puede presentarse como un hecho demostrado mientras no se resuelvan las dudas sobre la inscripción y su contexto.

Tampoco existe evidencia científica que permita afirmar que el Vesubio destruyó Pompeya como castigo por la conducta moral de sus habitantes.

La investigación no termina con una respuesta espectacular. Termina con una distinción que importa mucho más: lo que sabemos, lo que podemos inferir y lo que todavía no podemos demostrar.

Porque el verdadero poder de la historia no consiste en confirmar una idea previa.

Consiste en ponerla a prueba.

Y, a veces, la conclusión más reveladora no es que hayamos encontrado la respuesta que buscábamos, sino que hemos descubierto por qué todavía no podemos afirmarla.

CONTEXTO HISTÓRICO

La inscripción conocida por su referencia epigráfica CIL IV, 4976 ha sido interpretada como una mención a Sodoma y Gomorra en Pompeya. Nuno Simões Rodrigues estudió la posibilidad de que, si el grafito fuera antiguo, su autor hubiera relacionado un desastre local con la tradición bíblica de la destrucción de ambas ciudades.

Sin embargo, investigaciones posteriores han cuestionado que la inscripción sea un testimonio auténtico del periodo romano. Una propuesta sostiene que pudo haber sido realizada durante las primeras exploraciones modernas de Pompeya.

Por ello, la inscripción no demuestra por sí sola que existiera una interpretación bíblica de la erupción entre los habitantes de la ciudad. Tampoco prueba la presencia de una comunidad judía organizada ni que Pompeya fuera destruida por motivos morales.

La comparación entre Pompeya y Sodoma y Gomorra puede estudiarse como una cuestión de historia cultural y recepción religiosa, siempre que se distingan los hechos arqueológicos de las hipótesis interpretativas.

FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA

1. Rodrigues, Nuno Simões. "Sodom and Gomorrah in Pompeii". ARYS: Antigüedad, Religiones y Sociedades, n.º 10, 2012, pp. 259–274.
https://e-revistas.uc3m.es/index.php/ARYS/en/article/view/4854

2. Rocca, Samuele. "A Jewish Gladiator at Pompeii: Reassessing the Evidence". Images, vol. 17, n.º 1, 2024. Estudio que revisa críticamente varias de las evidencias epigráficas utilizadas para argumentar la presencia judía en Pompeya y cuestiona la interpretación tradicional del grafito de Sodoma y Gomorra.
https://doi.org/10.1163/18718000-12340185

3. Biblia. Génesis 19:1–29; Ezequiel 16:49–50. Textos fundamentales para estudiar la tradición bíblica de Sodoma y Gomorra y sus interpretaciones religiosas.

4. UNESCO World Heritage Centre. Archaeological Areas of Pompei, Herculaneum and Torre Annunziata.
https://whc.unesco.org/en/list/829/

Nota editorial: la inscripción discutida no debe reproducirse como una prueba concluyente de una creencia antigua. Si se incorpora una fotografía, debe indicarse si corresponde al grafito original, a una reproducción epigráfica o a una reconstrucción moderna.

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