"Antes de que un estadio escuchara sus himnos, un océano unió sus historias."
Ezequiel Foster

El viaje que unió Argentina y Suiza 

Mucho antes del Mundial 

Hoy, millones de personas en todo el mundo estarán pendientes de un nuevo encuentro entre Argentina y Suiza. Noventa minutos —o más— decidirán quién continúa soñando con la gloria

Pero existe una historia mucho más antigua.

Una historia que comenzó hace 168 años, cuando un grupo de inmigrantes cruzó el océano Atlántico en busca de un nuevo comienzo, en una tierra hasta entonces desconocida.

Ese viaje no cambió el resultado de un partido.

Cambió la historia de una comunidad argentina para siempre.


El sueño de Ricardo Foster 

En 1856, la provincia de Santa Fe buscaba poblar su inmenso territorio y desarrollar la agricultura.

Fue entonces cuando Ricardo Foster (1808-1865), un hacendado portugués profundamente comprometido con el futuro de la provincia, adquirió extensas tierras con un objetivo claro: fundar una nueva colonia agrícola.

No sería una tarea sencilla.

Los primeros inmigrantes que llegaban a Santa Fe temían instalarse en aquellas tierras por la cercanía de la frontera indígena y las dificultades propias de una región prácticamente despoblada.

Muchos desistieron.

Pero Foster no abandonó su sueño.


Un hombre que cruzó el océano por una idea 

Para hacerlo posible encontró un aliado excepcional.

Su nombre era Lorenzo Bodenmann.

Nacido en el Cantón del Valais, Suiza, creyó en el proyecto de Foster y emprendió una misión extraordinaria: convencer a familias europeas de comenzar una nueva vida en Argentina.

No fue un solo viaje.

Fueron nueve travesías a través del Atlántico.

Nueve viajes impulsados por una misma convicción: construir una comunidad donde antes solo había campo y cielo.


Cinco familias que apostaron por lo imposible 

El 17 de abril de 1858 partieron desde la región de Brig, en el Cantón del Valais.

Dejaban atrás sus hogares, sus montañas y, probablemente, a muchos de sus seres queridos para siempre.

Entre ellas estaban las familias:

Blatter.

Falchini.

Perrig.

Heimo.

Hug.

No viajaban en busca de riquezas.

Viajaban en busca de futuro.


El día que nació San Jerónimo Norte 

Después de casi tres meses de navegación llegaron a Santa Fe.

Desde allí continuaron en lentas carretas tiradas por bueyes hasta un paraje conocido como Los Cuatro Montes.

Era domingo.

15 de agosto de 1858.

No hubo grandes ceremonias.

No hubo edificios.

No hubo monumentos.

Solo cinco familias, algunos baúles y una inmensa llanura.

Allí nació San Jerónimo Norte, una de las colonias agrícolas más importantes de la provincia de Santa Fe.


Una historia que sigue viva 

Con el paso del tiempo llegaron nuevas familias, crecieron los cultivos, se levantaron escuelas, iglesias y comercios.

Pero aquellas primeras raíces nunca desaparecieron.

Todavía hoy, San Jerónimo Norte conserva apellidos, costumbres y tradiciones heredadas de los inmigrantes del Cantón del Valais.

Su historia forma parte de la identidad argentina.

Y también de la memoria de miles de descendientes que viven en ambos lados del océano.


Mucho más que un partido 

Cuando Argentina y Suiza vuelven a encontrarse en una Copa del Mundo, San Jerónimo Norte recuerda que el vínculo entre ambos países no comenzó en una cancha.

Comenzó con personas.

Con familias.

Con sacrificios.

Con esperanza.

Mientras hoy dos selecciones representan a sus naciones durante noventa minutos, una historia de 168 años sigue recordándonos que los lazos más profundos entre los pueblos nacen de quienes se atrevieron a cruzar un océano para construir un futuro.


Un legado que atraviesa generaciones

Los partidos terminan.

Los campeones cambian.

Pero las historias que transforman la vida de las personas permanecen.

Hace 168 años, cinco familias suizas emprendieron un viaje que dio origen a una de las comunidades más emblemáticas de Santa Fe.

Su legado continúa vivo en cada apellido, en cada tradición y en cada descendiente que mantiene encendida la memoria de aquellos pioneros.

Porque algunas historias no pertenecen solamente al pasado.

Siguen caminando entre nosotros.

Y cada vez que Argentina y Suiza vuelven a encontrarse, también vuelve a latir el recuerdo de aquel viaje que, mucho antes del fútbol, unió para siempre a dos pueblos.

"Porque algunas rivalidades duran 90 minutos… pero las historias que nos unen permanecen para siempre".
Ezequiel Foster

FOSTER History & Collective Memory
Preservando las historias que unen generaciones.