ANTES DE EXISTIR, YA TE ESTABA ESPERANDO

Una carta desde un futuro que todavía no llegó.


Mamá, todavía no sé si esta carta debería existir. Pero papá me contó que anoche lloraste… y sentí que tenía que escribirte.

Mamá:

Papá me contó que anoche lloraste.

Todavía no sé por qué.

Quizás fueron los recuerdos.
Quizás el miedo.
Quizás la distancia.

O quizás, simplemente, hubo palabras que llegaron a un lugar donde ya no alcanzaban las palabras.

Pero hay algo extraño que quiero decirte:

quizás aquellas lágrimas fueron mi primer recuerdo.

No porque yo ya existiera.

Sino porque, mucho antes de existir,

ya había una mujer aprendiendo a dejarme un lugar.


Todavía no me conoces.

Yo tampoco te conozco.

No sé cómo suena tu voz cuando estás feliz.

No sé cómo miras cuando estás preocupada.

No conozco tus historias.

No sé qué cosas te hicieron fuerte ni cuáles alguna vez te hicieron llorar.

Pero algún día quizá las conozca.

Y cuando lo haga, no necesitaré una mamá perfecta.

Necesitaré a la mujer que eres.

Porque antes de ser madre, fuiste una mujer.

Una mujer que soñó.

Que amó.

Que tuvo miedo.

Que aprendió a protegerse.

Que algunas veces necesitó que alguien la abrazara y simplemente le dijera:

"Estoy aquí."

Y quizá algún día comprenda que eso también forma parte de la historia de mi mamá.


Quizá cuando yo llegue, no encuentre un mundo vacío.

Antes que yo ya existirán tres pequeños corazones.

Mis hermanos.

Tres historias que comenzaron antes.

Tres maneras diferentes de mirar la vida.

Y tú no tendrás que saber inmediatamente cómo entrar en ellas.

No tendrás que ocupar el lugar de nadie.

No tendrás que borrar ninguna historia.

Porque los lugares verdaderos no se ocupan.

Se crean.

Una conversación.

Una risa.

Una comida.

Una preocupación.

Una tarde cualquiera.

Hasta que, lentamente, alguien que antes era nuevo empieza a aparecer dentro de los recuerdos de todos.

Y un día nadie sabe exactamente cuándo ocurrió.

Simplemente ocurrió.

Eso también es familia.

No que todos tengan la misma historia.

Sino que distintas historias encuentren una manera de pertenecer a la misma.


A veces pienso que quizá la maternidad comienza mucho antes de que nazca un hijo.

Quizá comienza cuando una mujer descubre que puede imaginar amar a alguien que todavía no conoce.

Primero es un sueño.

Después una posibilidad.

Después una esperanza.

Y solamente mucho más tarde, si la vida quiere, puede convertirse en una persona.

Por eso quizá algunos sueños permanecen durante tantos años.

No porque sepamos que van a cumplirse.

Sino porque una parte de nosotros todavía cree que pueden hacerlo.


Ahora imaginemos una escena.

Es temprano.

Hay ruido en una casa.

Uno de mis hermanos está hablando demasiado.

Otro está buscando algo.

El tercero se está riendo por alguna razón que solamente él entiende.

Y cerca de ellos hay un niño pequeño.

Te mira.

Levanta los brazos.

Y dice una sola palabra:

"Mamá."

Quizá durante un segundo te quedes quieta.

Porque nadie más va a comprender lo que significa ese segundo.

Pero tú sí.

Vas a recordar a la mujer que eras antes de él.

Vas a recordar que alguna vez ese niño fue solamente una imaginación.

Una voz.

Un juego.

Un sueño.

Vas a recordar aquella conversación.

Aquella noche.

Aquellas lágrimas.

Aquel hombre que te dijo que te amaba.

Y vas a comprender algo que aquella mañana todavía no podías saber:

la vida que ahora estás viviendo alguna vez fue solamente una posibilidad.

El niño no sabrá nada de la distancia.

No sabrá del miedo.

No sabrá de las preguntas.

No sabrá que alguna vez fue solamente una voz imaginaria.

Solamente sabrá una cosa:

cuando tiene miedo,

tú estás.

Y quizá eso sea todo lo que un hijo necesita saber.


Quizá algún día, cuando ese niño sea grande, te pregunte:

—Mamá, ¿cuándo empezó mi historia?

Y tal vez te quedes en silencio.

Porque ¿cómo se explica el comienzo de algo que empezó antes de existir?

Quizá le hables de aquella noche.

De la conversación.

De las lágrimas.

De dos ciudades.

De una distancia.

De un hombre que te dijo que te amaba.

Y quizá él vuelva a preguntarte:

—¿Pero yo dónde estaba?

Y esta vez vas a saber qué responder.

Todavía no estabas.

No tenías rostro.

Ni nombre.

Ni voz.

Pero ya existías en la imaginación de alguien.

Primero como un sueño.

Después como una posibilidad.

Y quizá, mucho antes de que pudieras existir,

ya había una mujer aprendiendo a dejarme un lugar.


Y hay algo que quizá algún día comprendas:

yo no llegaría a tu vida para completarte.

Llegaría para encontrarme con una mujer que ya tenía una historia.

Una mujer que ya había amado.

Que ya había sufrido.

Que ya había aprendido.

Que todavía tenía sueños.

Y que todavía tenía páginas en blanco.

Porque una persona no se convierte en otra al comenzar una nueva historia.

Simplemente descubre nuevas partes de sí misma.

Quizá eso sea lo hermoso del futuro:

que todavía no nos conoce.


Hoy todavía estás lejos.

Todavía existen preguntas.

Todavía hay cosas que nadie puede garantizar.

Y está bien.

Porque yo tampoco existo todavía.

No sabemos qué caminos habrá que recorrer.

No sabemos cuántas conversaciones faltan.

No sabemos cuántos abrazos todavía esperan.

No sabemos qué recuerdos algún día tendremos.

Pero quizá no necesitamos saberlo.

Porque el futuro no tiene que estar escrito para ser hermoso.

Tiene que estar abierto.


Hay algo más que quiero decirte, mamá.

Ya se lo pedí a papá.

Le pedí que te cuide.

Que nunca olvide a la mujer que eras antes de conocerme.

Que cuide tus lágrimas como se cuidan las cosas que no pueden reemplazarse.

Que proteja tus sueños.

Que cuando el miedo te visite, permanezca a tu lado.

Que cuando el cansancio te alcance, sea refugio y no distancia.

Y que nunca olvide que, antes de ser mi mamá,

tú también merecías que alguien cuidara de ti.

Quizá él ya lo sabe.

Quizá por eso, aquella noche, cuando lloraste,

simplemente te dijo que te amaba.


Así que, si alguna vez vuelves a esta mañana...

si alguna vez recuerdas las lágrimas de anoche...

si alguna vez recuerdas aquella pequeña voz que alguna vez te llamó "mamá" como un juego...

no pienses que estabas imaginando demasiado.

Quizá simplemente estabas escuchando, mucho antes de tiempo,

el eco de una vida que todavía no existía.

Y si algún día llego...

si algún día escuchas una pequeña voz llamarte:

"Mamá"

quiero que recuerdes esta mañana.

Porque quizá no fue el día en que comenzó mi historia.

Quizá fue el día en que, sin saberlo,

comenzaste a escribirla.

Y si algún día me preguntas cuándo empezó todo,

quizá te responda:

"Mucho antes de que yo existiera."


Benji
Desde un día que todavía no llegó.

Nos vemos en el futuro, mamá.